Nómadas digitales: el mundo es su oficina

Krisaura Vital | 26 mayo, 2019 | Compartir:

Viajar alrededor del globo y, al mismo tiempo, trabajar es el sueño de muchos, pero solo los que se atreven a romper paradigmas sociales logran hacerlo realidad convirtiéndose así en nómadas digitales y disfrutando de una vida sin horarios ni código postal.

Tres nómadas digitales nos contaron cómo llegaron a ser viajeros permanentes, de qué viven, los países que han visitado y si llevan una vida tan fascinante como lo pinta Instagram.

Adiós barreras geográficas

Jennifer Polanco ha visitado 17 países y Miguel Ceballos 26, dominicanos, y Francisco Ortiz, argentino, más de 60. Entre los tres han pisado 103 naciones y no pretenden detener la cuenta todavía. Mientras los sigan contratando de forma remota, ellos seguirán viajando.

A Francisco le encanta viajar. Forma parte de la tendencia de nómadas digitales.
Francisco Ortiz en el Templo Karnak, Egipto.

“Ya no es necesario ser sedentarios ni tener que ir todos los días a una oficina”, dice Jennifer. El miedo a la rutina y una compañera que “llevaba 22 años viendo las mismas paredes de su lugar de trabajo”, definitivamente, la impulsaron a renunciar y emprender nuevos rumbos.

Aproximadamente 40 millones de personas en el mundo viven en comunidades nómadas. Sin territorio fijo, pero siempre con un destino en la mira. En pleno siglo XXI, el término ha sido reinventado y adaptado a las nuevas profesiones, de allí surgen los nómadas digitales.

Se trata de “poder elegir ciudades del mundo como lugares de trabajo”, cuenta Miguel, y no de ser un turista permanente. En ese punto coincide Francisco, “se viaja full time pero no moviéndose todo el tiempo sino que se buscan diferentes bases alrededor del mundo para vivir unos meses y después se cambia a otro lado.”

Los nómadas digitales tienen la ventaja de que puede trabajar en todas partes.
Miguel Ceballos tiene un trabajo que le permite viajar por el mundo.

Lejos de las cuatro paredes de la oficina

Francisco y Jennifer tuvieron trabajos tradicionales con mucho éxito antes de emprender el nomadismo. En el caso del argentino estuvo dos años en una oficina, pero se “sentía atrapado”. Vendió todo, viajó con los ahorros y se arriesgó a vivir de su blog. “Sabía que tenía potencial para generarme buenos ingresos directos e indirectos”, dice, y siguió su instinto.

Jennifer Polanco adora viajar. También es nómada digital.
Jennifer Polanco durante uno de sus viajes.

El talento es importante para ser nómada digital. Si no tienes claras tus aptitudes es posible que el sueño se termine con tus ahorros. Jennifer era una exitosa periodista trabajando para la cadena Univisión como integradora de soluciones de marketing, reportera de noticias y conductora de varios programas, pero tenía un temor: hacer lo mismo por 20 años.

“Hay más cosas que ver y aprender que la misma pared por 22 años de lunes a viernes de 8am-5pm”, sentencia.

Tomando el fast track

Las redes sociales han sido el trampolín perfecto para que los nómadas se den a conocer. Todos quieren saber cómo viajar por el mundo sin un trabajo aparente, de allí que las redes estén copadas de anuncios que ofrecen guías rápidas para alcanzar este estilo de  vida.

“Como profesional de marketing, sé que muchos mal utilizan sus habilidades para manipular, vendiendo las cosas más bonitas y fáciles de los que son”, explica Miguel. “Internet está lleno de gente que vende humo y vive de vender el sueño pero no agrega nada de valor. Yo desconfío de cualquiera que asegura resultados rápidos”, añade Francisco, quien no desperdicia la oportunidad y aconseja que “para convertirse en nómada digital hay que ser muy flexible y estar abierto y atento a nuevas oportunidades”.

Rentabilidad y disfrute

Pero, ¿de qué viven realmente los nómadas digitales? Jennifer, Miguel y Francisco han hecho de sus nombres una marca.

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Barrio Alto, #lisboa

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La primera acaba de publicar su primer libro ‘La Biblia para viajar sola’. Miguel tiene una empresa de servicios de marketing y capacitación, mientras que Francisco ayuda a las empresas a crear y/o hacer crecer su marca.

Ofrecen cursos, dan charlas, asesoran, venden sistemas operativos, hacen alianzas con otras marcas y escriben  mientras disfrutan del paisaje ¡literalmente!

La verdad es que “los nómadas digitales trabajan y por lo general mucho, a veces más que en un oficio tradicional”, dice Francisco.

En esa misma línea, Miguel está tratando de alcanzar el trabajo soñado que “sería laborar 10 horas a la semana en promedio. Aún no lo he logrado (ríe), aunque he podido tener semanas de trabajo de 20-25 horas, pero son pocas”.

La disciplina es clave. Por muy fácil que parezca esta forma de vivir siempre está en la cabeza “la tentación de tomar una siesta o un día libre”, como dice Jennifer.

Más allá de sus desafíos laborales -que bien pueden sopesarse por el cambio constante de ciudad- lo verdaderamente difícil es combatir los tiempos de soledad, mantener una vida amorosa o no tener un hogar a donde regresar en momentos donde la nostalgia ataca.

Miguel ya no se considera nómada sino semi-nómada, justamente porque siempre quiso tener un lugar al que pudiera volver después de tantos viajes. “No tienes compañeros de trabajo fijo” y eso lo hace más difícil, dice. En ocasiones, “la línea de lo que es trabajo y lo que es personal, es muy fina- a veces invisible”, comenta Jennifer. Sin duda, otro reto.

Amor de nómada

Entre los altibajos también se cuentan las relaciones amorosas y no, no son como los marineros que van dejando un amor en cada puerto 😉 sino lo contrario.

“Es difícil tener una vida amorosa mientras se es nómada, no muchos entienden este estilo de vida”, cuenta Jennifer, a sabiendas que si quiere establecer una relación duradera tendrá que buscar a otro nómada como ella para viajar en familia en un futuro.

Miguel vive con su pareja y Francisco tiene una novia blogger y nómada digital. “Vivimos, viajamos y trabajamos juntos 24/7/365. Es un reto también, todo es mucho más intenso, pero lo elijo mil veces antes que ver a la persona que más quieres solo unas horas al día”.

El viaje soñado para estos nómadas digitales

Para Jennifer, Miguel y Francisco ya no se trata de imaginar un destino sino de agendar la visita, reunir dinero y embarcarse en la aventura.

Países remotos o ‘no visitables’ son los que más les llaman la atención. Francisco quedó enamorado de la hospitalidad de los iraníes. “Dan tanto sin esperar nada a cambio que uno queda en shock. Podría escribir un libro de mis 3 semanas explorando Irán. Fue alucinante lo que viví”, cuenta emocionado.

La meca de los nómadas digitales es Tailandia, contrario a Bali que es el deseo de los instagramers. Miguel quedó encantado cuando visitó ese país, pero más prendado quedó de Asia, tanto así que su próximo viaje será para Japón u otra nación del sudeste asiático.

“La cultura, comida, personas y música de Jordania, me cautivó”, cuenta Jennifer. Ahora está enfocada en planificar su mudanza a Tailandia.

Francisco quiere hacer el Transiberiano, “llegar a China y volver explorando los países de Asia Central” para  conocer “los stans” (antiguos países que conformaron la Unión Soviética) y  aprender más sobre ellos.

El itinerario de estos nómadas está prácticamente copado para el resto del año y no pareciera que fueran a parar por mucho tiempo.

“¿Viajaré toda la vida? Con seguridad. ¿Seguiré viajando como lo hago ahora? Con seguridad puedo decir que no, es una evolución. Uno se va adaptando. Hoy en día ya no viajo igual que hace 2 años. En 10 años con hijos será diferente, lo único que puedo asegurar es que cada día haré todo lo posible para tener más libertad y creo que internet es la clave. Te da la posibilidad de derribar las fronteras”, sentencia Francisco.

Los must de los nómadas digitales

Entre los nómadas digitales predomina la practicidad. Viajan ligeros de equipaje y solo con lo necesario. Una laptop potente, un teléfono inteligente y una cámara de video/fotos no pueden faltar para ninguno.

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