40 historias, 40 mujeres

Ana Blanco | 29 mayo, 2020 | Compartir:

Todos tenemos historias que contar. Nosotras queremos escuchar la tuya. Compartimos alegrías, nostalgias y sentires. Estamos aquí. Puedes envíar tu historia a: editora@revestida.com

#RDerestú

#4 – Geraldine

Geraldine de Santis es docente, escritora, traductora e investigadora ítalo-dominicana. Desde el año 2006 escribe narrativa juvenil e infantil, además de publicar investigaciones históricas sobre personajes y temas del S. XIX en el Caribe. Actualmente ocupa el cargo de Presidenta de Ibby República Dominicana, organización adscrita a la Unesco que difunde e internacionaliza la literatura infantil y juvenil escrita por dominicanos o sobre temas dominicanos.   

Salvada por la ventana

Se me acababan opciones que evaluar cuando llegué al pequeño estudio de cuyo ventanal exterior colgaba un letrero que decía «SE ALQUILA» en letra roja. Capturada por una curiosidad difícil de racionalizar, que me ha acompañado a menudo en las decisiones importantes de mi vida, a los pocos días entré junto al agente inmobiliario para darle un vistazo al interior del segundo nivel. Sí, por fuera lucía como un típico residencial ochentero, sin demasiados detalles donde descansar la vista, con uno que otro imperfecto por el paso del tiempo, un par de vecinos metiches sin más nada que hacer que mirar hacia afuera…pero dentro, ¡dentro la gran sorpresa!: altísimo techo, ventilación insuperable, y como abrazo de bienvenida, la claridad intempestiva que entraba no solo desde el enorme ventanal, que encuadraba a la perfección el verdor de la arbolada danzante, sino de las ventanas laterales. No hubo lugar a dudas. Ese sería mi próximo hogar-estudio donde concluir un par de proyectos que me hacían ilusión.

La elección se reveló acertada porque adelantando a un par de años, cuando me llegaron desde Italia las nefastas noticias de una inminente pandemia de un virus mutante, primero por parte de una prima y luego de una hermana, con su contundente urgencia compartida de que me preparara cuanto antes, lo primero que hice fue revisar el entorno dentro del estudio para adaptarlo a un periodo indeterminado de confinamiento. Las redes, noticieros y diarios no hacían otra cosa que repetir lo que hacía dos semanas me habían avisado mis familiares…y aunque a menudo la pesadez con que mi mente procesa las malas noticias me impulsa a metabolizarlas con una larga caminata, yoga frente al ventanal, siestas o simplemente escritura, el factor sorpresa no me dio tiempo a demasiadas consideraciones, por no mencionar el tema espacial: no se podía salir.

Diez días antes de que anunciaran la cuarentena en Santo Domingo, saqué las enormes fundas azules de Ikea, las llené de provisiones con varios viajes al supermercado, limpié y doné ropas y objetos, organicé el espacio…y me acuartelé en casa. A medida que pasaron –y pasan- los días, por momentos me sorprende la luz que entra y se posa como una caricia sobre mi antebrazo desde el ventanal. Como un constante recordatorio del mundo exterior, me giro y a través del cristal veo que una pareja de aves prepara un nido en uno de los maceteros de mi ventana, oigo la risa y los llantos de mis vecinitos desde su balcón en el edificio frente al mío; me saludan con sus pequeñas palmas abiertas como estrellas, uno está subido a un triciclo…y dejo de escribir. Me acuesto en el sofá frente al ventanal y el sol me arropa por completo, las ramas bailarinas me invitan a soltar las imposiciones que sostengo para sentirme un poco más «en control» y sin darme cuenta cierro los ojos y caigo en un profundo sueño.

Cuando me despierto son las siete de la noche y la luz de los faroles releva la del sol, recordándome que es tiempo de continuar las traducciones pendientes…no sin antes agradecer por aquella tarde en que la curiosidad me hizo posar la vista en un ventanal que ahora es el centro de estos inusuales días, mi conexión con la vida allá afuera…y que me confirma con su luz y su verdor que tarde o temprano uno siempre encuentra lo que anda buscando, o que lo que se anda buscando lo encuentra a uno…antes, durante y después del confinamiento.    

#3 – Angie

Angie Díaz es estratega creativa, diseñadora gráfica e ilustradora. Enfoca su trabajo hacia el mundo del desarrollo colaborando con diversas instituciones gubernamentales y no gubernamentales como Plan Internacional y UNICEF. Ha dado forma a importantes proyectos como las campañas Aprender Sin Miedo, Por Ser Niña y La Peor Novela. Es profesora de escritura creativa en su alma mater, la Universidad Iberoamericana, jefa de creatividad en The Atomic Garden y es además una obstinada activista pro mujer.

Cuando esto termine

Ayer me lavé las manos más de 30 veces, limpié todo con desinfectante aunque nadie ha venido en tres semanas. Estoy segura de que el enemigo está en el pasillo, detrás de mi puerta, lo puedo escuchar burlándose de mí, se sabe mis dos nombres y mis cuatro apellidos, me invita a salir. Yo trato de calmarme, como me ha enseñando la doctora, inhalo por la nariz durante dos segundos, pauso por dos segundos y exhalo por la boca durante dos segundos más. Pero hoy decidí dar el paso, hoy es un día importante, esto ha terminado y voy a salir, estoy tratando de no concentrarme en la ansiedad de poner un pie fuera de la casa, de bajar los 36 escalones de mi edificio, de caminar hasta el Parque Duarte, de estar entre la gente, de que me toquen el hombro para pedirme direcciones a algún lugar o que cuando finalmente logre llegar al banco del parque, alguien quiera compartirlo conmigo. Eso sería, para mí, lamentable. No imagino cómo podría salir de una situación así. Me entraría de nuevo el pánico, querría salir corriendo, pero por supuesto el miedo me inmovilizaría y ahí quedaría sentada hasta que cayera la noche y pudiera encontrar el valor de volver a casa.

Mi proceso ha tenido sus altibajos, atrapada en las cuatro paredes que deberían hacerme sentir segura. Estoy segura, hoy es el día, terminó mi confinamiento, el mirarme al espejo, el depilarme las piernas con mis pinzas botas, el atiborrarme de malvaviscos, el ignorar el mundo exterior. Lo hice, abrí muy despacio la puerta y salí. Me armé de valor y salí. Bajando las escaleras, me topé con la señora del segundo piso, que con un miedo familiar me gritó: “¡Vecina, métase a la casa que empezó la cuarentena!”.

#2 – Norca

Norca Amezquita (@norca17) es diseñadora gráfica y directora de arte. Tiene un proyecto propio @mediaisla_rd en el que realiza ilustraciones digitales inspiradas en la esencia dominicana. Nos cuenta su historia.

Se hace lo que se puede… 

Siendo diseñadora gráfica y freelance y trabajando desde casa hace poco más de 2 años, lo de #quédateencasa ha sido un poco menos difícil, ya que los cambios y ajustes a la “nueva normalidad” han sido ligeros y he podido mantener el mismo ritmo de vida, soy de acostarme y levantarme temprano e intento llevar mi rutina de siempre: hacer ejercicio, desayunar, una buena ducha y a trabajar el resto del día en el espacio que he diseñado para eso en mi nuevo bohío, como le llamo a mi apartamento, con pausas para cocinar, comer y hasta disfrutar de una siesta.

Lo que sí es cierto, es que miro a la calle desde mi balcón mucho más que antes, no sé qué espero ver… Afortunadamente tengo muchos árboles enfrente donde los pajaritos se pasan el día revoloteando y su canto es el protagonista estos días en vez de los bocinazos y es realmente hermoso, además, hay una gran cantidad de mariposas amarillas agitando sus alas por todas partes; esto me trae recuerdos de mi niñez, la cual se desarrolló en una calle donde había muchos solares vacíos y las mariposas amarillas eran las reinas del barrio. 

Pensar en mi niñez, las horas que pasaba jugando con mis amiguitos vecinos, recordar la voz de mi mamá gritando mi nombre para que subiera a comer o a cenar, me produce una sensación extraña, por un lado me saca una sonrisa, pero por otro, me hace pensar en todos esos niños acostumbrados a jugar libremente en calles y parques y no puedo evitar sentir un poco de pena por ellos, ahora encerrados en sus casas, pero bueno, son otros tiempos y ellos tienen su manera de entretenerse…

Cocinar y fregar… bueno, afortunadamente me encanta cocinar, aunque fregar no tanto, pero cuando vives sola no hay a quien dejárselo, así que en ese departamento no hay mucho qué hacer, musiquita animada y a ponerle ganas, limpiar mi bohío es fácil porque es pequeño y lavar la ropa es sencillo, pues no ensucio mucho.

Pero a pesar de todo, tengo días muy malos, esos días en los que se te cuela una mala noticia en un chat de WhatsApp o alguien te llama para “informarte” de alguna tragedia, una nueva teoría de conspiración y se me dispara la ansiedad, es por eso que he bloqueado ciertos temas de redes sociales, he silenciado grupos y me he quedado con mi red de apoyo, mis amig@s del alma, esos que si te tienen que decir par &%$# te los dicem y tú se los agradeces, nos animamos mutuamente y esto es algo que realmente he valorado estos días, no es que no lo supiera de antes, pero ahora es más evidente y lo agradezco profundamente.

Lo que realmente es muy difícil es no ver, besar y abrazar a la gente que quiero: mi mamá, mi hermana, mi cookie Nico, mi cuñado, mis ti@s, mis amig@s, pero bueno, al menos nos quedan las videollamadas mientras tanto nos volvamos a ver.

#1 – Miguel

Ana Blanco, nuestra editora comienza con la primera historia. Y ella decidió hacerlo a través de la visión de su hijo Miguel de 14 años con un poema escrito por él.

Realidad

Las personas son extrañas,

las personas son raras,

hacen toda clase de artimañas,

la mayoría, chorradas, pero esa es la realidad.

La mayoría solo quiere encajar.

Pero no todos en esta categoría están.

¿Por qué hay que utilizar la crueldad?

La mayoría, solos están, y esa es la realidad.

Intentan hacerse más grandes,

Intentan hacerte más pequeño,

lo que no saben es que solo están más distantes.

Pero seguirán intentando aniquilar tus sueños, y esa es la realidad.

No te debería afectar, te dices,

Buscaré ayuda, te dices,

Pero les sigues haciendo caso, les permites…

Y cuando te das cuenta, te perdiste, y esa es la realidad.

Las personas son despiadadas,

las personas son crueles,

Te traicionan a tus espaldas, te duele como una espada clavada, aunque ya lo esperabas,

Si permites que te molesten, te lo restregarán en la cara hasta que vean rabia, pero esa es la realidad.

Por suerte sé que tengo que ser fuerte.

Prefiero ser diferente.

Mientras pueda ser yo mismo, no me siento perdido.

No importa lo que digan los demás, porque esta es mi realidad.

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